El Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, principal puerta de entrada al Valle del Cauca, atraviesa una crisis que ya no se puede maquillar con discursos técnicos ni excusas administrativas. Lo que hoy denuncian trabajadores y usuarios no es menor: es un deterioro progresivo que, de no atenderse, puede escalar a un problema de seguridad aérea.
Desde que la Aeronáutica Civil asumió la operación el 1 de septiembre de 2025, el aeropuerto —lejos de mejorar— muestra señales claras de abandono. Maleza sin control, servicios colapsados y denuncias sobre fallas en sistemas críticos dibujan un panorama que preocupa.
Una alerta que no puede ignorarse
Las denuncias sobre el estado de la pista son especialmente graves. Fuentes internas advierten que el crecimiento de vegetación en zonas cercanas podría estar afectando la visibilidad de señales y sistemas luminosos.
Pero el punto más delicado es el sistema ILS (Instrument Landing System), fundamental para operaciones en condiciones de baja visibilidad. En una región donde las lluvias son constantes, cualquier falla en este sistema no es un detalle técnico: es un riesgo operativo.
Aquí no hay margen para la improvisación. La seguridad aérea no admite zonas grises.
Caos en tierra: el usuario paga las consecuencias
Mientras tanto, la experiencia de los viajeros refleja el mismo desorden. En plena temporada de Semana Santa, usuarios reportaron parqueaderos fuera de servicio, largas filas y condiciones deficientes dentro de la terminal.
Los reclamos son reiterativos: falta de organización, congestión y servicios básicos que no responden a la demanda. La imagen de un aeropuerto estratégico se desdibuja frente a la realidad de quienes lo usan.
Política, silencios y conveniencias
Pero lo más preocupante no es solo lo que pasa en la operación, sino lo que ocurre alrededor.
La concejal María del Carmen Londoño ha salido a defender la operación pública del aeropuerto, insistiendo en que el modelo es el correcto. Sin embargo, esa defensa choca con la percepción ciudadana: no se trata de si es público o privado, sino de si funciona o no.
Del otro lado, el presidente de la Cámara, Julián López, guarda un silencio que resulta incómodo. Su cercanía con el Gobierno Nacional contrasta con la falta de una postura clara frente a una situación que afecta directamente al Valle del Cauca.
La pregunta es inevitable: ¿quién está defendiendo realmente los intereses de la región?
Lo que está en juego
El Bonilla Aragón no es cualquier infraestructura. Es un nodo clave para el turismo, el comercio y la competitividad del suroccidente colombiano.
Permitir su deterioro no solo afecta a los usuarios, sino que pone en riesgo la imagen y la capacidad operativa de toda una región.
Una responsabilidad que no admite evasivas
La Aeronáutica Civil no puede limitarse al silencio ni a respuestas tardías. Su rol exige control, mantenimiento y garantías de operación segura.
Pero también hay una responsabilidad política que no se puede evadir. Cuando las alertas son claras y las denuncias reiteradas, el silencio deja de ser prudencia y se convierte en complicidad.El Bonilla Aragón no necesita discursos. Necesita decisiones. Y las necesita ahora.