Una fuerte controversia política y social se desató en Colombia luego de que el caricaturista y candidato al Senado por el Pacto Histórico, Julio César González, conocido como Matador, publicara en redes sociales comentarios burlones sobre el cuerpo de la senadora y aspirante presidencial Paloma Valencia. Las expresiones, calificadas por distintos sectores como misóginas y violentas, reavivaron el debate sobre la violencia política contra las mujeres en un año electoral clave.
El episodio llevó al Centro Democrático a anunciar acciones legales. En la mañana del 13 de enero, el director del partido, Gabriel Vallejo, confirmó que radicarán una denuncia formal ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) contra Matador y el Pacto Histórico por presuntos actos de violencia política de género. Según el partido, los comentarios del caricaturista constituyen un ataque directo que busca desacreditar a la candidata no por sus ideas, sino por su apariencia física.
Las reacciones no se hicieron esperar. Figuras de distintos sectores políticos coincidieron en rechazar el tono de la publicación. La exministra Susana Muhamad calificó el comentario como “ofensivo y fuera de lugar”, mientras que la senadora María Fernanda Cabal lo tildó de “despreciable” y lo describió como un caso claro de matoneo político. Claudia López señaló que se trató de una expresión “machista”, y tanto Juan Fernando Cristo como Juan Daniel Oviedo advirtieron que este tipo de mensajes empobrecen el debate democrático.
Desde el Centro Democrático, el rechazo fue aún más contundente. En un comunicado oficial, el partido afirmó que el mensaje de Matador refleja “bajeza, misoginia y violencia verbal”, y cuestionó que alguien que aspira a un cargo de elección popular recurra a este tipo de ataques.
Voces feministas alertan sobre violencia simbólica
El debate trascendió el ámbito partidista y llegó a sectores feministas y académicos. Catalina Ruiz Navarro, directora de la revista feminista Volcánicas, señaló que si bien la crítica política y la sátira son legítimas, recurrir a la gordofobia demuestra “un humor y una lectura política pobres”, producto de un machismo que —dijo— termina nublando el sentido crítico.
En la misma línea, la abogada y politóloga feminista María Cristina Hurtado explicó que este tipo de burlas evidencian una desigualdad estructural: mientras a los hombres en política no se les exige cumplir estándares físicos, a las mujeres se les impone una presión constante sobre su cuerpo, edad y apariencia. Para Hurtado, estos mensajes esconden discursos de odio que se normalizan bajo la excusa del humor.
La representante a la Cámara Marelen Castillo, presidenta de la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer del Congreso, también se pronunció. En un comunicado, advirtió que el uso del cuerpo femenino como objeto de ridiculización es un patrón históricamente documentado de violencia simbólica, que refuerza la discriminación contra las mujeres en la vida pública y limita su participación política en condiciones de igualdad.
El caso de Matador y Paloma Valencia se suma a una serie de episodios que han encendido las alertas sobre la violencia política de género en Colombia. A medida que avanza el calendario electoral, distintos sectores insisten en la necesidad de elevar el nivel del debate, garantizar el respeto y evitar que el machismo y la misoginia sigan marcando la contienda política.